El hachís, mi hermana y mi madre
Mariana me propuso que publicara este artículo a través de un comentario que hice en su bitácora.
Típica película americana de instituto. Los cerebritos, los jugadores de rugby, las animadoras, los raperos, las pijas, algún grupo más y los porretas. Éste último grupo era al que yo pertenecía. El primer año de instituto era ya el segundo de mi hermana, así es que como yo no conocía nadie, me iba con ella y sus amigos, que acabaron siendo nuestros amigos. Unos amigos anarquistas, con los que no compartíamos todas las ideas, pero sí que echábamos unas risas, y como no, unos porros. En los recreos y en las clases que me saltaba, la gente que me conocía sabía donde localizarme. En el parque o en Imucona, fumando. En este último sitio menos, que algún día pasaron por allí los forestales y no les gustó lo que vieron. Evidentemente repetí, curso, digo. Entre las clases a las que no iba, a las que iba entre risas y que el director se pasaba más tiempo en mi aula que su despacho… Era una clase de gamberros, creo que pasaron de curso 6 ó 7. Al año siguiente me puse las pilas.
A lo que iba. Es de suponer que mi hermana también fumaba, si no de qué iba a dejar a la pequeña hacerlo… ella también tabaco, lo que yo nunca hice. Al principio pues cuando estábamos en casa salíamos con alguna excusa, pero era más fácil que se enterara mi madre estando en la calle. No había muchos sitios donde esconderse. Un barrio cerrado, en el que todos los vecinos son compañeros de trabajo, así es que se conocen, y si te ve alguno, ten seguro que en 5 minutos lo saben tus padres. Solíamos ir a la piscina (en horas o épocas que no estaba abierta) o subiendo a alguna garita (que no se usaban, aunque sí se podían ver balazos atravesando sus cristales). Por lo que acabamos optando por fumar, muy de vez en cuando, en casa. Cerrábamos la puerta de su cuarto con pestillo, poníamos musiquita, y ala, a liarnos un cigarrito.
Siempre tuvimos mucha libertad, yo no sé lo que es que mi madre entre en mi cuarto y abra un cajón. Nunca nos registró nada (que no es cotilla como yo, vamos), no subía a la planta de arriba a no ser que necesitara algo… en fin, que en el cuarto de mi hermana estábamos "a salvo". Porque a todo esto, mi padre trabajando, que no lo veíamos a penas. Que a él si le teníamos más miedo.
Un día estábamos en el lío cuando mi madre llamó a la puerta:
- Niña, abre, para que te encierras.
- Si, mamá, voy.
A ver qué hacemos ahora… El porro lo tiramos por la ventana, y caía en una uralita que tapaba nuestro patio (cuantos acabarían allí). Así es que a mi hermana se le ocurre encenderse un cigarro y solo abrirle a mi madre, echarle el humo del tabaco en la cara, no podía ni respirar, dijo rápido a lo que venía y se fue. No podíamos parar de reír… de la que nos habíamos librado, jeje.

En diciembre estuve una semana en Valencia sobre todo por conocer al niño de mi hermana. No sé por qué salió la conversación. La cuestión es que acabamos recordando esto y contándoselo a mi madre. Nos decía, que ay que ver que niñas, que no daba crédito. Ahora ninguna de las dos fumamos por lo que se pudo reír con nosotras de la historia. Nos decía que si en aquel momento nos pilla, nos hubiera matado, ahora ya somos chicas responsables y maduras, jejejeje.
Dejé de fumar al poco tiempo de empezar con mi novio, que no le hacía mucha gracia, vamos, ninguna. Dejar de fumar habitualmente, porque cuando me encontraba con mis amigos del instituto, me escapaba un rato con ellos, y alguno sí que caía, pero eso, muy de vez en cuando, algún sábado y tal. Ahora no tengo relación con gente que fume, por lo que no lo hago. En verano, un amigo de mi pueblo suele venir a mi casa a pasar una semanita, y disfrutar de la playa, él fuma y no sé que me pasa, que me fatiga. (Fatiga = ganas de vomitar)con solo olerlo.
Mi hermana y yo investigamos con cosas raras… me explico. A veces no teníamos hachís, raro, pero podía pasar. Llegamos a coger hojas de eucalipto, secarlas, y fumarlas, que por cierto, levantaban un dolor de cabeza… que solo lo hicimos esa vez. Otro día alguien nos habló del colocón que te dejaba fumar las tiritas del plátano. Pelas el plátano y tiene unos hilillos, los secas y después los fumas; no recuerdo la sensación… por lo que no sería para tanto. Una vez en mi pueblo, nos robaron una bellota casi entera, que por aquel entonces costaba 5.000 pesetas, ahora sobre 40 €, de las buenas. Pues eso, la llevé para pasar el verano, que en mi pueblo no hay mucho que hacer, y matábamos el tiempo fumando… Y nos la robaron. La dejamos al lado nuestro, y cuando fuimos a cogerla no estaba… cosas que pasan. Pues a lo que iba, que como nos quedamos sin nada, estábamos aburridos, muy muy aburridos y decidimos coger pipas, las normales, machacarlas y fumarlas junto con tabaco. Aquello era como comerte un chuletón a la barbacoa. Menudo pestazo soltaba, yo no sé si hizo efecto o no, pero reírnos de aquello lo estuvimos haciendo durante mucho tiempo. Todavía hoy en día lo recordamos con mi amigo del pueblo… y lo que hizo la desesperación, jaja.










marianalaaldeana dijo
En primer lugar, gracias por nombrarme en tu bitácora; todo un honor.
Me he reído con ganas leyéndote, jeje, supongo que no te arrepentirás de esos momentos. Yo, de haberlos tenido los recordaría con añoranza, aunque, de todas formas, mejor que sean pasado.
Un beso, guapa.
3 Febrero 2008 | 11:19 PM