Sorpresa en la oficina
Si, sorpresa, pero no precisamente de las buenas.
Esta es la situación: yo, en mi mesa, con unos clientes sentados enfrente. De repente veo una sombra que cruza por detrás de ellos hasta la mesa de otro compañero. Sigo hablando con los clientes con naturalidad y en cuanto se van:
Yo: Niña, que he visto algo corriendo por ahí.
Compañera: ¡ahhggg! ¡un ratón!
Yo: agggg!!! (me subo a la silla)
Compañera: agggg (se sube a la silla)
Yo: (teléfono en mano) Killo, ay ay ay!!!
Compañero: ¿qué te pasa?
Yo: aggg! Un ratón en la oficina
Compañero: ¡me has asustado! Pensaba que era algo importante
Yo: para nosotras es importante (mientras estamos subidas a nuestras respectivas sillas). Ven corriendo a echarlo de la oficina
Compañero: voy para allá.
Llega e intenta que salga de su escondite, corre hacia mi mesa y yo corro hacia otra. Como tengo que salir a unos recados, aprovecho y me voy. Cuando vuelvo la puerta sigue abierta (mala señal, pienso). Me dicen que no está, que han puesto la oficina patas arribas y que no está, pero me confiesan que no lo han visto irse…

Son las 6 de la tarde y sigo mirando hacia todos sitios por si aparece. No quiero estar sola en la oficina, o mejor dicho… prefiero estar sola que con un ratón. Que aunque mi compañero diga que el ratón es quién tiene miedo… yo no estoy tan segura de ello. No me hacen gracia esos bichos, será por eso que siempre me encantaron los gatos.






bruxana dijo
Ja, ja, ja...
Hola Arori:))
Mira, de eso no he tenido nunca... igual influía la cantidad de gatos que había por la zona (y que por eso estaban y los vecinos encantados: porque en esta zona no son ratones, son ratas y bien gordas las que aparecen con frecuencia).
Tu compañero tiene razón: el ratón tiene más miedo de tí que tú de él (seguro). Lo que no va a evitar que le tengas fobia, claro...
En la primera oficina donde trabajé había cucarachas. Enormes, negras, brillantes... No siempre (de hecho, fumigaron antes de inaugurarla, como seis meses antes de llegar yo). Siempre me dieron mucho asquito... Pues cuando veíamos alguna... en fin, yo no llegaba a subirme a la mesa, pero mis compañeras sí. Tenía que ser el jefe quien las matase... en ocasiones, con mucho teatro (no se me va a olvidar el día en que mató a una que estaba en el techo con el spray del ambientador y un mechero, en plan lanzallamas. Ni el día en que, tras grito de su secretaria al ver una paseándose por el techo de su despacho, y con clientes allí, dijo muy serio "no os asusteis, luego la mato y, si os apetece -a los clientes- nos la comemos asadita".
Bueno, pues al final tuve que hacerme a la idea de matarlas a pisotones... porque, claro, no era plan que el jefe no estuviese... y las tuviera a las dos (y a uno de los chicos) dando gritos subidos en algo... y temiéndose además que la cuca se dejase caer desde el techo...
Seguramente mañana no habrá ni rastro del ratoncito. Y si sigues con el miedo a que haya más... comprad unas trampas/veneno (eso, ó un gato. Un gato a quien le gusten los ratones, que no a todos les gusta...)
A no soñar con ratoncitos.
Un beso, guapa:))
11 Diciembre 2007 | 10:10 PM